martes, 30 de junio de 2020

El faro hermanado (entrada provisional por causas técnicas)


Al faro de Trézien ya lo he nombrado un par de veces. Está hermanado con el Saint Mathieu en lo que gestión se refiere, lo que significa que con la entrada para visitar uno de ellos puedes también entrar en el otro. A parte de su altura, lo que más me llamó la atención es que su linterna es de piedra.Una ventana da acceso a la lente y a la bombilla. Es una luz direcional blanca que está alineada con Kermovan, el cual lo está también con Saint Mathieu y entre los tres marcan la navegación segura por el canal de Four. .
Volviendo a lo de la entrada, muy felices nos las prometíamos mi Santa y Paciente yo en la visita (nunca hay que despreciar la oferta del 2x1, bien en el supermercado bien en los faros) cuando bien temprano  por la mañana llegamos a nuestro destino. Lo primero que nos encontramos fue un cartel que anunciaba el Día de Faro de Trézien. "¡Guay!", pensamos. Lo segundo con lo que nos chocamos fue un señor francés, muy amable, eso sí, que nos informó de que ese día el faro no se podía visitar, que estaban de preparativos por el día del faro. "¿Eh?", dijimos. El buen señor nos explicó que la asociación local de amigos del faro de Trézien organizaba esa fiesta para recaudar fondos para el mantenimiento del monumento y del pequeño museo dedicado a las artes de pesca que completa la instalación. Además de la música, el bar y el puesto de crepes, necesitaban acondicionar la torre para la actividad especial. Siguiendo la direción de su dedo hicimos el tercer hallazgo: la posibilidad de hacer rapel desde lo alto del faro. No sé qué cara se me iba poniendo mientras asimilaba la información, pero mi Santa y Paciente lo tuvo muy claro: "¿Vas a hacerlo, verdad?". La respuesta , en el vídeo (que no es un vídeo, que es una foto, este es el problema tnico que me ha hechoi descubrir otro más gordo). Soy el que está más a la izquierda, el del pantalón corto.



En resumen, para qué bajar y salir del faro pudiendo salir y bajar del faro.
Y aquí nos quedamos hasta la vuelta del verano allá por septiembre. Que visitéis muchos faros.

Altura 37,2 metros
Plano focal, 84 metros
Una luz blanca con dos ocultaciones cada 6 segundos
Alcance, 23 millas
Visitable (y en ocasiones rapelable). 182 escalones

martes, 23 de junio de 2020

Un faro bretón para hablar de otro cántabro


Ver el faro de Kermorvan desde el mar me hizo entender una cuestión que me intrigaba de muchos faros bretones: ¿por qué tienen una mitad pintada de blanco y la otra no? A la mayor parte de los faros que he visitado he llegado desde tierra, por lo que me pierdo su principal perspectiva y experimentar la naturaleza real de su función: ser visto desde el mar. Por regla general contemplo sus siluetas recortadas contra el mar o contra el cielo. El día que salí del puerto de Conquet hacia la isla de Ouessant, al doblar la península de Kermorvan descubrí que su faro, en concreto su fachada blanca, destacaba y se recortaba contra el fondo oscuro de la costa. El día anterior lo había visitado y su fachada de piedra era la que destacaba contra el mar. En ese ferry comprendí en todo su alcance lo de ayuda a la navegación. Y los faros lo son, tanto de noche como de día.
 Esto me lleva a la polémica fareroturística de estos meses en Cantabria. Planteamiento: como iniciativa para enriquecer el atractivo turístico del cabo de Ajo, el Gobierno de Cantabria, la Autoridad Portuaria de Santander y el Ayuntamiento de Bareyo decidieron que el street artist cántabro Okuda San Miguel redecorase con su particular estilo el faro de Ajo, que hasta ahora lucía de impoluto blanco. Los que, como yo, no sepáis nada de este artista, podéis visitar su página web aquí o ver parte de su obra pinchando también aquí. Y en este otro enlace se muestra una imagen del proyecto.
 Inmediatamente se ha montado el pollo.Desde todos los ámbitos se han alzado voces críticas en contra con argumentos políticos, artísticos, legales, patrimoniales, sentimentales, estéticos... Incluso náuticos. No seré yo quien tenga la razón, ni la última palabra ni el argumento más convincente. Solo tengo una opinión y ni siquiera tengo claro que sea muy firme. Lo primero que me pregunté es ¿qué necesidad hay de redefinir el aspecto del faro de Ajo? A esto debe responder la Autoridad Portuaria de Santander y otras responsables de temas marítimos. Que esta es la cuestión básica que debe guiar el tema, el debate y la posterior actuación me lo confirmó el Catálogo de faros con valor patrimonial de España escrito por el arquitecto Santiago  Sánchez Beitia y recientemente editado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en el que al final del segundo párrafo de su página 32 dice  que "Acaso la uniformidad que imprimen los modelos a las torres sea, desde un punto de vista pura y simplemente estético, una restricción de ideas. No obstante, no debe  olvidarse cuál es la función primordial de un faro, que no sea otra que la de constituir una ayuda a la navegación en la que no caben consideraciones ajenas a ella". Dicho sea de paso, todo este párrafo del informe trata de la importancia de que los faros sean referencia visual  con luz diurna y de las maneras en las que se hace visible y distinguible. Si la respuesta, técnicamente justificada y razonada, es sí, entonces es cuando alguien ajeno al mundo náutico y cercano al arte y al turismo puede lanzar su idea: "¿y si aprovechamos el cambió para darle un interés extra al faro que aumente su valor  como destino turístico?". La lluvia de ideas que nazca a partir de esta pregunta no debe perder de vista la naturaleza  de un faro, que de lejos debe ser distinguido con claridad y sin asomo de duda. Suponiendo que todo esto se haya solventado con un "adelante, chicos, mola la idea de trasformarlo", llega la tercera cuestión, y más subjetiva, ¿es Okuda la mejor opción? También habría un cuarto planteamiento que quizá debería ser aclarado antes: la transformación, ¿permanente o temporal?
 Con respecto a Okuda, si se mantiene fiel a su estilo y que es lo que parece, ni de coña es el más adecuado. Su estilo agresivamente urbano no encaja en el marco bucólico de un prado típicamente cántabro, completamente despejado de todo y que lo único humano es el faro y dos construcciones auxiliares. Es agresivo para un entorno natural. No creo que los visitantes que se acercan a este tipo de paisajes vayan buscando esto. Me parece más práctico, más oportuno y más atractivo que pinte alguna casa de Bareyo, en el propio núcleo urbano. Tendría más éxito. Por cierto, que Okuda tilde de ignorantes a quienes critican este proyecto no ayuda. Le irá la polémica, pero muchos de los que han expresado sus críticas (yo no estoy entre ellos, lo mío es solo una opinión) saben muy bien de qué están hablando. Hasta donde yo sé, nadie ha cuestionado la valía del artista. Por otra parte, esa serie de colores ¿hacen más visible el faro desde una embarcación?, ¿ese diseño con muchos colores y formas no desdibujará la silueta invisibilizándolo a los ojos de los marinos? Si esto ocurriera, afectaría directamente a la función señalizadora intrínseca del faro.
 En resumen, con los datos de los que dispongo (sin entrar en temas urbanísticos ni legales ni de jurisdicción) este proyecto no me gusta y creo que no hay que llevarlo a cabo. Principalmente porque nadie ha explicado la necesidad de cambiarlo. Secundariamente, la solución ofrecida no aporta ningún valor, de hecho creo que devalúa.
 Y una vez que hemos entrado en este tema, tal vez podríamos también analizar la intervención en el donostiarra faro de Santa Clara.

Y ahora volvamos a Kermorvan
Altura 20 metros
Plano focal, 20 metros
Un destello blanco cada 5 segundos
Alcance, 22 millas
Accesible

martes, 16 de junio de 2020

Una ayudita entre las ruinas


Parece mentira que un faro tan grandote y tan lucido como el de Saint-Mathieu necesite de un par de luces auxiliares. La de la foto es la que llaman número 2. De la número 1 no hay imagen porque ni la vi ni la busqué (ni siquiera sabía que existía). Levantado a unos 50 metros del principal, una de sus funciones es la de alinearse con el faro de Kermorvan y otra, la de marcar  la entrada al canal de Four. Por cierto: este canal alberga al faro del mismo nombre y que jugó conmigo y con mi Santa y Paciente al escondite.
Os cuento. Haciendo tiempo para visitar el faro de Trézien, nos acercamos hasta la villa de Porspoder con intención de ver, que no de visitar puesto que está sobre una roca en medio del mar, el de Four. Según entrábamos al pueblo lo vimos a lo lejos, con claridad. Dejamos el coche en un parking para los visitantes de la península de Saint-Laurent, una pequeña y encantadora reserva natural batida por el viento. Según el mapa, desde esa península podríamos contemplar esta construcción sin problemas. ¿Sin problemas he dicho? Y un cuerno. Recorrimos todo el perímetro de Saint-Laurent, disfrutamos el dolmen de Beg ar Vir y maldijimos a los que amontonan las piedras planas  haciendo columnitas. Aquello parecía la versión zen de la columnata de la plaza de San Pedro. El faro no aparecía por ningún lado, la niebla que había entrado con el viento norte en los 30 minutos que nos costó aparcar y llegar a la costa lo impedía. Ni la silueta se adivinaba. No hubo manera. Nos volvimos al coche para comer algo y disfrutar del Concurso Internacional de Cometas Porspoder 2018. Espectacular.
Creo que en algún momento he dicho que soy navarro y el "¿a que no puedes?" lo llevo muy mal. Así que dejé a mi Santa y Paciente durmiendo la siesta en el coche e hice un nuevo intento. Google maps, mapa de carreteras, guía de faros franceses, guía de Bretaña... Nada. Yo estaba en el sitio adecuado. La península estaba en el lugar que le correspondía. Hasta Bretaña estaba donde decían los mapas. Pero la Four, no. Lo habíamos visto de pasada, pero ya no. Al final, como en las pelis de los domingos por la tarde, cuando la derrota parece irremediable y la decepción asoma, apareció un hado en forma de viento que medio disolvió la niebla y entre las nubes asomó la linterna del faro del canal de Four, No hubo tiempo para fotos, solo para pensar "te pillé". Una aparición tipo yeti, ahora estoy , ahora no.
Y después de esta chapa. ¿alguien sabe cómo he hecho para desviarme 21 kilómetros al norte en línea recta desde Saint-Mathieu?
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Altura 6 metros
Plano focal, 26 metros
Un destello cada segundo. luz verde en el sector 85º-107º, luz blanca en el sector 107º-116º, luz roja en el sector 116º-134º. A oscuras el sector 116º-85º.
Alcance, 14 millas la luz blanca y 11 millas las luces verde y roja

martes, 9 de junio de 2020

Quita el monasterio que pongo un faro


Ya sé que el título de esta entrada al blog es un tanto escandaloso, o cuando menos exagerado, pero es lo que tienen las revoluciones, que son ruidosas y llamativas. En la punta de Saint Mathieu, casi en el extremo más occidental del Finisterre francés, ha existido desde el siglo XIII una luz que guía a los navegantes. Los monjes del monasterio que por aquel entonces existía en estos acantilados ya encendían en una de sus torres un fuego para señalar su posición a los barcos en el mar de Iroise (un área cuasitriangular que tendría como vértices la isla de Ouessant al norte, la de Sein y la punta de Raz al sur y a la entrada a la rada de Brest por el este). Y así siguió la cosa hasta que llegó la Revolución Francesa, cuando el monasterio fue abandonado y sus restos comprados por un particular, un tal Budoc Provost, que  prometió mantener encendida la luz de la torre.
El statu quo se mantuvo unos 40 años hasta que la autoridad competente, o sea, la Marina francesa, decidió construir el actual faro. Esta decisión supuso el derribo de la antigua torre y de parte de la cabecera del monasterio para hacer sitio a la amplia base circular sobre la que se eleva la torre. Pero eso sí, mantuvieron el resto del edificio.
Saint Mathieu fue mi primer encuentro con un faro turístico francés. Le falla el espacio de aparcamiento, pero todo lo demás está perfectamente organizado: la tienda, el museo, la visita, los servicios auxiliares. Es más, tras adquirir las entradas y descubrir que también servían para visitar el faro de Trezic (Nota mental: satisfacción por descubrir que mi nivel de Francés de 8º de EGB-actual 2º de la ESO de hace 40 años aún me permite entender y hacerme entender más allá de los Pirineos), la guía-vigilante de la linterna avisó a una compañera que hablaba español para que subiera a explicarnos lo que necesitáramos (Apunte a la Nota mental: tu nivel de Francés de 8ª de EGB no es para tirar cohetes, no te vengas arriba). Como casi siempre, un ejemplo a seguir, que no todo tienen que ser hoteles.
Por cierto, en Francia también andan desescalándose y desconfinándose, y esta es una  noticia del Ouest France sobre la reapertura a las visitas del faro de Saint Mathieu publicada el pasado domingo.

Altura 37metros
Plano focal, 56 metros
Un destello blanco cada 15 segundos
Alcance, 29 millas
Visitable.163 peldaños.

martes, 2 de junio de 2020

Popular, coqueto y solo con cita

No sé si es por su situación casi a ras de mar, por el gris difuso de sus piedras, por lo recogidico que parece, pero el faro de Petit Minou, a la entrada de la rada de Brest y alineado con Portzic, es de un coqueto subido. No es espectacular ni dramático, pero es fotogénico como pocos. Prueben ustedes buscar imágenes de él y pocos son los que le aventajan en retratabilidad .Además, siempre sale guapo. Aunque es accesible, se puede llegar hasta él sin problemas cruzando un sencillo puente de piedra que le da un toque espcial más, no pierde su aura de digno y amable distanciamiento. De hecho no es visitable más que en contadas ocasiones, con cita previa o apuntándose a una lista cuando se prevé que vaya a abrirse al público en fechas señaladas. Y sí, las plazas se ocupan en un ti-tá. Solo le falta el mayordo inglés que en la puerta rechaza, con educada firmeza y como haciéndote un favor, que visites a la señora de la casa.

Altura 26 metros
Plano focal, 32metros
Grupo de destellos en periodos de 6 segundos de 2+1 destellos. Sector rojo 242-252, sector blanco 252-260, sector rojo 260-307, sector blanco 307-65,5, sin luz 65,5-70,5, sector blanco 70,5-100, sin luz 100-242.
Alcance, 19 millas la luz blanca, 15 millas la luz roja.
No visitable. Solo en fechas señaldas se abre al público para visitas concertadas. 

martes, 26 de mayo de 2020

Lo de "¡firmes!" le viene de natural


Supongo que conoceréis esa sensación de salir a la carretera, temprano por la mañana, con fresquito pero bajo una luz que promete un día brillante. No hay apenas tráfico al salir de la ciudad. El ton-tonio cumple con su función dando las indicaciones  adecuadas y en tiempo. Te diriges a tu destino ligerito, sin pasarte de velocidad pero con viveza. Coges una ruta por la costa, con curvas, de conducción entretenida. El navegador te avisa de que "en 300 metros gire a la derecha". Lo obedeces con optimismo porque tu destino apenas está a un kilómetro de ese giro. Coges el carretil indicado con alegría... y apenas tienes el tiempo justo para frenar casi en seco a un metro de una reja de metal tamaño finca de hacendado indiano con un cartel blanco que, en letras negras, dice "Terrain militaire. Accès interdite" y debajo, en más pequeño, todas las penas del infierno de Dante que caerán sobre los desobedientes y los artículos que justifican su condena. El diseño lo completan una bandera francesa y un montón  de escudos de lo más marciales. La ilusión por visitar el faro de Portzic se hunde como un souffle mal horneado.
No queda otra que volver a la carretera y seguir hasta el siguiente pueblo para poner en marcha el plan b: preguntar a los locales. Tras un par de cafés y mantener una conversación con mi francés de 8º de EGB, salimos del bareto con la noticia de que no se podía llegar hasta la torre y un boleto de los euromillones franceses. En ese momento mi Santa y Paciente pulsó la tecla. "Ha dicho que no se puede". Y yo, navarro que soy, lo vi todo rojo. "¿Que no? Vamos p'allá".
Dejamos el coche en una especie de aparcamiento al lado de la carretera. Nos metimos en el bosque siguiendo un sendero entre encinas que discurría paralelo al acantilado y terminamos por desembocar en un mirador que se abre sobre la entrada a la rada que llega hasta el puerto de Brest y bajo el puesto de control de tráfico marítimo de la Marina Francesa. Pero lo importante, el faro, también estaba ahí. Además, siguiendo la senda encontramos la verja que cierra esa parte del área restringida pero que da justo al  pie de la torre, una elegante construcción que recuerda al faro de Les Baleines.
Y no nos tocaron los euromillones.

Altura 35 metros
Plano focal, 56 metros
Grupo de ocultaciones  en periodos de 12 segundos de 2 destellos. Sector rojo 219-259, sector blanco 259-338, sector rojo 338-360, sector blanco 0-65, sin luz 65-70,5, sector blanco 70,5-219
Alcance, 19 millas la luz blanca, 15 millas la luz roja.
164 escalones
No visitabley razonablemente accesible

martes, 19 de mayo de 2020

El caballero y su escudero


Probablemente, pointe du Raz sea como paisaje marítimo uno de los más dramáticos (en el sentido romántico y teatral) del Finisterre francés. Quizá influyó la hora, un atardecer, y el clima, ventoso y algo fresco para julio, pero las peñas, los farallones, el gris ambiental y la soledad sobrecogían. Allí, en medio de la marejadilla, sobre una roca emergida aguanta las inclemencias el faro de La Vieille, una torre cuadrangular de granito que vigila el paso de las naves que se aventuran por el canal entre la isla de Sein y pointe du Raz, cuyas corrientes están entre las más peligrosas del Atlántico. Señala los arrecifes que se prolongan desde la costa. A unas decenas de metros un poco más al oeste se alza la tourelle de la Plate, también  apodada la petite Vieille, una baliza con funciones de señal cardinal oeste que a modo de fiel ayudante indica a los navegantes con su camisola amarilla con banda central negra que las aguas libres se encuentran en el lado de Poniente.
Desde esta punta también se divisa el faro de Tévennec, probablemente uno de los faros europeos con mayor fama de maldito. Cuentan que el lugar enloquecía a sus habitantes. No sé, pero los datos cantan: diecinueve fareros y cuatro guardianes, además de numerosos auxiliares y sustitutos pasaron  por el islote en 35 años. En 1910 se automatizó.

La Vieille
Altura 27 metros
Plano focal, 33metros
Grupo de ocultaciones  en periodos de 12 segundos de 2+1 destellos. Sector blanco 290-298; sector rojo 298-325, sector blanco 325-355, sector verde 355-17, sector blanco 17-35, sector 35-105 verde, sector 105-123 blanco, sector 123-158 rojo, sector 158-205 blanco y sector 205-290 sin luz
Alcance, 18 millas la luz blanca, 13 millas la luz roja y 14 millas la luz verde
Baliza de la Plate
Altura 9,5 metros
Plano focal 9 metros
9 destellos rápidos de luz blanca en periodos de 10 segundos
Alcance 8 millas