martes, 20 de abril de 2021

Louet te espera... el próximo año

El faro de la isla de Louet, en la embocadura de la bahía de Morlaix, casi en la muga entre Finisterre y la Costa de Armor, se yergue en uno de los islotes que protegen la entrada a esta rada y flanquea por el este al castillo de Taureau, que como suele ser habitual ha sido bastión militar y cárcel. No sé si también hospital de apestados e infecciosos, no me extrañaría, hubiera sido para bingo. Pero volviendo al faro de la isla de Louet, justo enfrente de la ciudad de Carentec (en el lado este de la bahía), automatizado desde los años 60, la casa del guardián estuvo deshabitada hasta hace poco, que fue restaurada y pasó a ser un alojamiento turístico. Sí, y del bueno, en el que por un máximo de dos días y dos noches, puedes disfrutar de las instalaciones al más puro estilo farero. Es una estancia  de tú te lo guisas, tú te lo comes. Te dan la llave y te las apañas para llegar hasta la isla por tus propios medios. La tarifa es fija y da igual el número de huéspedes hasta, creo, un total de 10. Mola. Toda la información: aquí. Para los que os hayáis entusiasmado (como yo), todas las plazas de este año 2021 ya están ocupadas (ooooooooooooooh). Para los que sois capaces de mantener el entusiasmo  mucho tiempo (como yo, creo), Las reservas para el año 2022 se abren en noviembre (ay, qué ansia).

Altura 12 metros
Plano focal, 17 metros
Grupo de tres ocultaciones cada 12 segundos. Blano sector de305 a 244, verde de 244 a305
Alcance, 15 millas
Visitable si te alojas, de abril a octubre

martes, 13 de abril de 2021

Ponga un faro en su terraza

 

 Y reciba visitas solo los jueves de julio y de agosto, no sea que se le llene de turistas. Esta luz de alineación para entrar en el puerto de Roscoff es la reedificación de principios del siglo XX de la anterior torre, levantada a finales del XIX. Incrustada en el pueblo, ni las construcciones aledañas desentonan con su estilo arquitectónico, ni ella desentona con el resto del pueblo, que es uno de esos que llaman en Bretaña "pueblo con carácter", uno de esos que se convervan extraordinariamente bien y que en el pasado fue uno de los puntales del comercio con Inglaterra. De él salían innumerables productos que los vecinos del otro lado del canal de la Mancha (Mange para los bretones y galos en general, English para los súbditos de su Graciosa Majestad) consumían con ansia, entre ellos la especialidad local: la cebolla rosa. Habrá que proponer un hermanamiento, un jumelage entre los roscoffetenses y los cebolleros navarros, los de Huarte. Quién sabe lo rica que podría estar la sopa de cebolla si intercambian recetas. 

Justo enfrente de este pueblo se encuentra la isla de Batz,y en ella se encuentra el faro del mismo nombre que da servicio a estas aguas. Hay un pequeño ferry que los comunica.

Por cierto, ahora que estoy repasando las fotos, me da la sensación de que los faros franceses, los que realmente tienen categoría de faros, en su mayoria son torres circulares, mientras que los feux d'alignement, tienden a ser torres cuadradas. Ahora mismo se me están ocurriendo varias excepciones a esta generalización, pero oye, se da mucho.

Altura 24 metros
Plano focal, 26 metros
Luz blanca con tres ocultaciones cada 12 segundos.
Alcance, 15 millas
94 escalones
Visitable, pero solo los jueves de julio y agosto

martes, 6 de abril de 2021

Ponga un faro en su trigal

Bueno, en realidad no es un faro, es una luz de alineación y forma parte del grupo de luces que guardan la entrada al estuario del río Wrac'h. En concreto, este de Lanvaon hace pareja con la baliza de la isla de Wrac'h y dirigen a los barcos hacia la seguridad del puerto de Warc'h. Creo que ya he comentado que por estos lares les gustan las cosas claras y sencillas. Bueno, volviendo a Lanvaon, se yergue a tres kilómetros en línea recta de su compañero de baile, en medio de unos campos de cereal bastante majos. No es una torre muy espectacular, ni siquiera bonita, aunque queda sí resultona. Se levantó, allá por mediados del XIX, para sustituir el fanal del campanario de la iglesia de Plouguerneau, que aunque hacía su labor, esta era manifiestamente mejorable, especialmente porque se ubicaba todavía más alejado y en caso de mal tiempo o niebla era prácticamente invisible.

Cuando llegamos a esta torre volvimos a encontrarnos con un ejemplo de la importancia que los franceses en general y los bretones en particular dan a su patrimonio. Y me refiero a la sociedad civil, a los vecinos del farero que ya no está. La última farera fue Soizic Corre, que dejó su puesto en 1994, cuando se electrificó la luz. Al igual que cuando visitamos Trezien, llegamos el día que celebraban la fiesta anual del feu de Lanvaon. Organizado por la Asociación Lanvaon, su objetivo no era otro que recaudar dinero para la rehabilitación y conservación de la torre, así como dar a conocer la historia de los tres faros de la zona. Para ello habían organizado una megacomida a base de los muy tracidionales, sencillos y sabrosos moules-frites (nota mental: algún día habrá que hablar de estos mejillones cocidos con patatas fritas, son un descubrimiento), venta de productos locales y música. Además en ese 2018 el faro de Lanvaon cumplía 150 años. Fiestón.

La estructura de torre cuadrada con remate triangular es muy característico de estas luces de alineación alejadas de la costa y levantadas en la segunda mitad del XIX, Por cierto, si alguien se lo esta preguntando, no hay escaleras de caracol. En el lado de los ventanucos va una escalera de las tradicionales, de las de tramos con su descansillo para una silla o un tiesto con plantas. Son dos tramos por piso para un total de cinco alturas.

Altura 27 metros
Plano focal, 55 metros
Un destello blanco cada segundo.
Alcance, 12 millas
276 escalones
Visitable desde el exterior (pero la web de la Asociación Lanvaon lo enseña muy bien)

 

martes, 30 de marzo de 2021

Nos entró la pereza


Lo sé, la pereza es uno de los pecados capitales. Pero oye, de vez en cuando hay que dejarse mecer por la molicie, permitirse un dolce far niente. Especialmente cuando tu ansia farófila arrastra pasajero. Conviene darle cuartelillo de vez en cuando (se lo han ganado) y hacer un alto. Lo aprendí cuando visité los faros asturianos:16 en cuatro días más el de ida y el de vuelta. Mi Santa y Paciente estuvo a punto de colapsar. Allí pude entender que, aunque le gustara viajar y conocer sitios nuevos bien acompañada (por mí), la ruta no podía ser monotemática. Desde entonces, y cuando crisis y pandemias lo permiten, organizamos el viaje teniendo como hitos los faros, pero permitiendo desvíos y rodeos que aligeren a la par que enriquezcan el camino.

Así pasó cuando fuimos hacia la Ile Vierge, que encontramos una playita curiosona en un día radiante de sol y nos quedamos allí. Los hados nos premiaron con Wrac'h, pero resultó muy relajante. De manera que nos conformamos con ver los dos faros de Vierge, el viejo y el nuevo, desde lejos. En la distancia y cómodamente sentados contemplamos el, si lo he entendido bien, faro más alto de Europa gracias a sus 82 metros y que a su lado mantiene la compañía de la antigua luminaria, inactiva desde 1902 y que aunque notablemente más bajita, resulta llamativa en su blancura. Mantengo la intención de volver para visitarlo por dentro. Será en una ruta que he bautizado como la de los Outsiders. Incluye aquellos faros y luces que se me han quedado en el tintero por no encontrarlos, por falta de tiempo, por quedar muy a desmano, por acceso complicado o por algún imprevisto. Es una lista más larga de lo que me gusta: Vierge, Pierres Noires, Tolinguet, Kereon, ArMen, Patiras, Hourtin, Sein, La Four, Soumard, los tres de Belle-Île (Poulains, Kerdonis y Goulphar), Port Maria de Quimberon...


El nuevo (de1902)
Altura 77metros
Plano focal, 85 metros
Un destello blanco cada 5 segundos en el sector de 337 º a 325º, A oscuras el sector entre 325º y 337º
Alcance, 27 millas
397 escalones
Visitable
El viejo (de1845 a 1902)
Altura 33 metros
Plano focal, 85 metros
Alcance, era de 14 millas

martes, 23 de marzo de 2021

La marea que deja paso libre a los artistas

Hay veces que los faros o las balizas vienen a ti. Caímos en Plouguernneau camino del faro de la Vierge. Allí descubrimos la playita de Sant Cava, un arenal recogido, con rocas, algas y mejillones (en alguna ocasión habrá que hablar de les moules-frites), poca gente y un día de sol más que razonable. La ocasión perfecta para darnos un baño en Bretaña. Explorando la zona y con el agua hasta la cintura decubrimos una islita con lo que parecía una casa faro. La marea estaba baja y se podía cruzar andando, así que hasta allí nos encaminamos. Averiguamos que era el faro de la isla de Wrac'h, del archipélago de Lilia, en el estuario de Aber Wrac'h. En realidad es una baliza roja que marca la entrada hacia el puerto de, sí, lo habéis adivinado, Warc'h. Parece que en esta zona les gustan la cosas claras y sencillas. Y ya que nos hemos puesto geográficos, todo esto se encuentra en una región turística llamada Pays des Abers, que lo forman los estuarios de dos rías (es la mejor traducción que he encontrado de aber), las del Benoit y, sí, lo habéis acertado, el Wrac'h.

La isla sólo es accesible a pie con la marea baja. Desde 1994 la luz está automatizada. Lo que no he conseguido averiguar es cuándo caparon la torre. ¿He dicho capar? Creo que debo aclarar que en Navarra también se llama capar a arrancar el rabillo a la txapela o a la boina. Aquí me refiero a eliminar la linterna y dejar ese farolillo que corona la baliza. En 2006, la casa de los guardianes se convirtió en una especie de albergue y residencia de artistas, que administra una institución llamada Îles et Phares du Pays des Abers, encargada también, tras ocuparse de su restauración, del mantenimiento del edificio y sus alrededores, así como de  organizar eventos culturales.

Por cierto, con vergüenza y contrición debo confesar que nunca llegamos hasta el faro de Vierge, aunque lo vimos cómodamente desde esta isla, sentados en un antiguo refugio-cabaña-almacén de recolectores de algas, una actividad de larga tradición en la región. Una mancha negra en nuestro expediente farófilo que esperamos lavar algún día (y que sirve de excusa para volver a Bretaña). 

Altura 15 metros
Plano focal, 23 metros
Un destello rojo cada 1,2segundos
Alcance, 7 millas
Visitable solo la casa de los fareros. La torre, no

PD:.Ya que hablamos de excusa, mi Santa y Paciente me pregunta si lo de los faros no es una patalla para volver a beber sidra bretona. Me encojo de hombros y no confieso que lo mío son los moules-frites con cualquiera de las salsas

 


martes, 16 de marzo de 2021

Recibido por el bretón más antiguo

El faro de le Stiff te da la bienvenida a la isla de Ouessant. Cuando el ferry va arribando al muelle de Stiff, su doble torre blanca y rechoncha se alza casi 80 metros sobre los visitantes, dominando todo el este de la isla. Es uno de los faros más antiguos de Francia, de hecho es el más antiguo en funcionamiento de entre las luminarias bretonas.Los primeros proyectos datan de finales del XVII, en una hábil combinación de búsqueda de seguridad en la navegación hacia y desde Brest por un lado y vigilante desconfianza hacia las intenciones de los británicos vecinos por otro. A partir de ahí, la evolución habitual de fuegos, luces, combustibles, electricidad, automatismos, semiabandono y recuperación como patrimonio histórico y turístico. Además también le nació un hermano pequeño que le superó en talla, importancia y desarrollo, el de Créac'h. Incluso, en este caso concreto se da la circunstancia de que es el hermano mayor el que hereda ropa del pequeño: la linterna que Stiff luce ahora es la antigua del blanquinegro del oeste.

Lo que más me llamó la atención es que en realidad son dos torres siamesas, una más estrecha con ventanucos en sus caras sur y norte que ventilan y dan luz a la tradicional escalera de caracol en su interior y otra que sostiene la linterna y alberga las diferentes habitaciones de servicio  iluminadas por ventanas orientadas al oeste. Esta misma distribución paralela volví a encontrarla en Cordouan, aunque en este caso una única torre circular envolvía las dos estructuras, pero la misma idea: escalera de caracol lateral a la zona de servicio. Después de 20 años de semiabandono tras su automatización, en 2013 Stiff se restauró y es visitable. Ahora se pueden ver las dependencias donde vivían y trabajaban los fareros. Y es curioso, uno de los dormitorios da la sensación simultánea de acogedor y estrechez. En la foto, más allá de la puerta se ve el arranque de la escalera.

Y como es de suponer, una vez alcanzada la linterna y el balcón exterior, las vistas sobre el mar de Iroise son impresionantes, distinguiéndose con facilidad el faro de Kéréon y, si el día está claro y limpio, los de Sein y Vierge. Asomarse al interior de la linterna (entrar no se puede) resulta alucinante, es sumergirse en un entorno intensamente bermellón de las películas más lisérgicas de los años 60 del pasado siglo. Marea.

 

Altura 32 metros
Plano focal, 85 metros
Dos destellos rojo cada 20 segundos
Alcance, 24 millas 104 escalones
Visitable

martes, 9 de marzo de 2021

Museo de Faros y Balizas en Ouessant

En la cara b del edificio el faro de Créac’h, la que se abre hacia el mar y los acantilados del noroeste de la isla, se encuentra el Musée des Phares et Balises. En la antigua sala de máquinas de la central eléctrica del faro, esa que también producía energía para el faro de Nividic, se recoge la historia de las ayudas a la navegación marítima, maquetas de diferentes faros, enormes lentes fresnel, creo recordar que también hay algunos generadores eléctricos, diversos restos arqueológicos submarinos. En definitiva, un completo repaso al mundo de los faros y sus tecnologías. Una visita más que recomendable, especialmente teniendo en cuenta que es el único espacio del faro abierto al público en el recinto.

Esta es la maqueta del faro de Amédée, levantado en Nueva Caledonia con piezas de hierro fundido y del que se habla en el libro 'Breve atlas de los faros del fin del mundo'. A diferencia de la maqueta, el de ultramar polinésico está pintado de blanco, por  lo que me entra la duda de si esta representación a escala no será la de su hermano gemelo, levantado en el canal de la Mancha, aunque resultó destruido por la tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial y en la actualidad ocupa su espacio en el arrecife de Roches Douvres otro de piedra y aspecto más clásico.  

A la derecha, dos ejemplos de enormes lentes fresnel rescatadas de faros desmantelados o cuyas linternas han sido modificadas. De esta manera se puede ver de cerca la enorme complejidad de estas estructuras ópticas que permiten el máximo aprovechamiento de la luz y su mayor direccionamiento,


martes, 2 de marzo de 2021

Una rotundidad visitable, pero poco

Es posiblemente el de Creac'h uno de los faros más rotundos y de mayor presencia entre los que he visitado. Quizá porque se alza en un terreno muy llano (aunque su nombre en bretón signifique promontorio, y así lo sea con respecto al resto de la isla) y porque se recorta con autoridad sobre todo el horizonte terrestre y marino sin nada que le haga sombra, lo que hace ya desde lejos sea visto y a cada pedalada que te acerca a él sientas que va creciendo ante ti... No sé, es una presencia sólida en un entorno aparentemente inhóspito y un tanto violento. Y que conste que esto solo es una impresión, porque Ouessant es preciosa, está habitada y resulta agradable. Al menos a finales de julio y principios de agosto, con el cielo azul  y sin viento. Un cuatro de febrero y viento del noroeste imagino que será otra cosa.

Este faro bretón es el poste del este de una linea imaginaria que marca la entrada desde el Atlántico a La Manche, que 180 kilómetros al oeste termina en el faro de Bishop Rock de las muy británicas islas Sorlingas (Cornualles), donde llaman English Channel a estas aguas que les separan de Francia. Vamos que estas dos torres son las jambas de la puerta de entrada a lo que nosotros siempre hemos conocido como el canal de la Mancha.

Curiosamente, a pesar de albergar en su interior un museo dedicado a los faros, el aparato óptico original de Creac'h que se desmontó en 1888 se reutilizó en el vecino faro de Stiff, levantado en el extremo este de Ouessant. Quizá haya que aplicar lo de que "en casa de herrero, cuchara de palo".

Altura 47 metros
Plano focal, 70 metros
Dos destellos blanco cada 10 segundos
Alcance, 30 millas
250 escalones
No es visitable salvo la zona del Museo de Faros y Balizas en la sala de máquinas.

martes, 23 de febrero de 2021

De teleféricos y bicicletas


Desde pointe de Pern, al oeste de la isla bretona de Ouessant, se puede ver a una razonable distancia, algo menos de un kilómetro, el faro de Nividic, construido sobre una peña llamada Leurvaz An Ividig. Es una torre octogonal de piedra rematada con una linterna roja. Tras haber sido alimentada  por electricidad a través de un cable y contar con un sistema de emergencia de bombonas de gas, desde el año 1996 es autónoma gracias a unos paneles solares que aportan la energía suficiente. No está habitada pero cuenta con una plataforma  para helicópteros que facilita el acceso del personal de mantenimiento. Esta es la explicación simple de la existencia de dos ¿columnas?, ¿mástiles?, ¿torres? entre el faro y la isla que siguen la línea de arrecifes peligrosos señalados por la luz y llamados pylône de Concu uno y pylône de Ker-zu el otro (el que se ve a la derecha de la foto). En un principio eran el soporte del cableado eléctrico tendido desde el generador ubicado en el faro de Créac'h. Tiempo después se aprovechó la infraestructura para construir un teleférico para hacer llegar el material y personal, aunque esto último no lo tengo muy claro, necesario para su funcionamiento. El caso es que este sistema fue muy útil hasta la llegada en 1971 del helipuerto. Investigando un poco he encontrado un gráfico dibujado por Pierre Montaz explicando el sistema. Lo muestra muy clarito.


Y hablando de cosas técnicas que hacen la vida más fácil, en esta visita a la isla descubrí el lado oculto del cicloturismo en su versión más placentera: las bicis eléctricas. Ese esfuerzo mínimo y descansado que logra el mayor y mas veloz desplazamiento sea cual sea el terreno. Así, cualquier excursión nos hace creer que el Tourmalet está al alcance de cualquiera. Y como la mayoría ni nos vamos a acercar, pues a vivir con la ilusión. Por cierto, las bicis que usamos mi Santa y Paciente son las que se ven en la foto.

Altura 36 metros
Plano focal 28 metros
Nueve destellos en periodos de 10 segundos. En el sector de 290 a 225 luz blanca, y en el sector 225 a 290 sin luz,
Alcance 10 millas.
Accesible en embarcación pero no es visitable

martes, 16 de febrero de 2021

Por si acaso, de lejos



Supongo que todos conocemos la famosa foto de la ola rompiendo contra un faro y a punto de engullir al farero que se ha asomado a la puerta. El faro es el de La Jument, el fotógrafo es Jean Guichard, el farero se llama Théodore Malgorne y la imagen se tomó desde un helicóptero. Ah, y la ola es una ola. 
Ahora es cuando viene el juego de las diferencias. El faro es el de La Jument de lejos, el fotógrafo soy yo, el farero es un automatismo que no responde al nombre de monsieur Malgorne y la imagen se hizo desde la bretona isla de Ouessant, en el Finisterre galo. Y la ola... ni se la espera. Además, seguro que esta foto no gana ni el World Press Photo ni ningún otro premio, Qué se le va a hacer.
Poco más tengo que decir, salvo que ya llegará el día en que vuelva y lo visite de cerca con la esperanza de que las olas se mantengan lejos y calmadas.

Altura: 48 metros
Plano focal, 36 metros
Tres destellos  rojos cada 12 segundos, luz roja en el sector 241-199, sin luz en el sector 241-199
Alcance, 22 millas
Accesible en embarcación pero no visitable

martes, 9 de febrero de 2021

Ya tengo mi 'Breve atlas de los faros del fin del mundo'

 

¡Buaaaah! ¡Qué pasada! Flipo.

Así, este podría ser el resumen, grosso modo, de mi opinión sobre el libro 'Breve atlas de los faros del fin del mundo', escrito por José Luis González Macías y publicado por la editorial Menguantes

Me hice con un ejemplar de la segunda edición. Cuando fui en Navidad a Walden en un primer intento, el librero me dijo que habían volado y que los de Menguantes estaban preparando otra tirada. Así que me dirigí directamente a ellos para asegurarme mi ejemplar. En este caso mi ansia venció a mi paciencia (cachaza le llama mi Santa y Paciente). Me llegó, por fin, el pasado 5 de febrero, viernes, en vísperas de un par de días que tenía libres. Avisé a la familia de que no iba a estar para nadie.

En ese ojeo rápido y general que les doy a los libros antes de ponerme en serio con ellos descubrí la siguiente nota: "La segunda edición de Breve Atlas de los Faros del Fin del Mundo se envió a imprimir el 26 de diciembre de 2020, ciento veinte años después de la extraña desaparición en Escocia de James Ducat, Thomas Marsahll y Donald McArthur, los tres fareros de las Islas Flanan". Por otra parte, desde la editorial me habían avisado  que "tras un arduo mes en el que tuvo que enfrentarse a vacaciones navideñas, terceras olas, falta de estocaje de papel en España y el mayor temporal ocurrido en los últimos 50 años, por fin, el libro ha salido hoy hacia su destino". Si esto no es una advertencia de lo que me iba a encontrar entre sus páginas, mejor me voy a comprar un helado. Datos técnicos, aventuras, misterios, geografía olvidada, tragedias, alegría, temporales, viajes, heroínas, amor, ornitología...

Así que, salivando con anticipación, me acomodé con el libro la primera de las cuatro veces. Porque una de las cosas que he descubierto es que no se puede, ni se debe, leer del tirón. Es de fácil y amena lectura, pero de mucha intensidad y muy condensado, por lo que es preferible tomarlo con calma. Describe y narra la historia y características de 34 faros, cada uno de ellos en cuatro páginas y con la misma estructura: La primera cuenta la historia del faro, la segunda es una imagen artística del edificio, la tercera es el alzado de la torre con los datos técnicos básicos de situación geográfica, medidas, alcance, fechas de construcción, puesta en servicio y de apagado si está fuera de servicio, alcance..., además de un par de anécdotas que han quedado fuera de la historia. Y la última es un mapa que lo sitúa geográfícamente. Las dos hojas que se ven en la foto son la tercera y la cuarta (y las manos son de mi hijo el Greñas). 

En cuanto a la selección de faros, hay representación de todos los continentes, de todas las costas y de todos los mares. No me cabe duda de que la parte más difícil de este trabajo ha sido seleccionar cuáles entran y cuáles quedan fuera. No sé sí González Macías tiene intención de sacar un segundo volumen, pero sospecho que tiene material para ello a la vista de la ingente labor realizada que se intuye detrás de este Breve Atlas. En cuanto a la nómina de torres, hay dos que he visto in situ (La Vieille y La Jument), lo que me hace particular ilusión; hay otra decena que conozco de nombre o de haber leído algo sobre ellas (en especial Buda y Columbretes, que ya va siendo hora de ir a verlas), pero la mayoría me han resultado desconocidas. Y esta es la parte que más agradezco: los, para mí, nuevos faros. Viajar con este libro a regiones casi olvidadas de Somalia, atravesar tempestades para llegar a islotes perdidos de Tasmania, sobrepasar el circulo polar ártico para vivir bajo la larga noche invernal rusa del mar de Barents, llegar al Pacífico para sufrir el calor y la humedad de un presidio francés en Nueva Caledonia... Ha sido como volver a leer las novelas de Verne, Salgari y London.

Ahora la pega que le he encontrado. Y reconozco que parte de esta pega la tiene mi presbicia. En la página dedicada los datos técnicos (la tercera), el autor ha tenido la genial ideal de mostrar a escala el tamaño del faro comparándolo con una figura humana. Esa escala, en el margen izquierdo, esta señalada en tres colores, uno azul oscuro que marca la altura de la torre, otro en ocre que marca desde la base hasta el nivel del mar y otra en azul claro que indica la profundidad del mar. Sobre esa regleta hay dos indicaciones más, una que señala dónde está el plano focal y otro dónde empieza el nivel del mar. Y son estos avisos, por tamaño de letra y del color de la tinta, los que presbíticos como yo tenemos dificultad para leer. También creo que hay otro error, este de carácter general, que es no indicar el valor numérico de la escala, no decir cada señal a qué medida corresponde. Vamos, que no sabemos cuánto mide el muñequito dibujado

En definitiva, es el libro de faros que cualquier farófilo tiene que leer solo para reafirmar por qué nos gustan estas torres de luz y para confirmar que por mucho GPS y posicionamiento satelital que se emplee, nada puede sustituir estas construcciones.

Así que lo dicho: ¡Buaaaah! ¡Qué pasada! Flipo.

Y me vuelvo al Breve Atlas para empezarlo otra vez. Eso sí, ahora a sorbitos